Orden Martinista Tradicional, OMT

Orden Martinista Tradicional

La Vía Martinista

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La Orden Martinista Tradicional es una orden iniciática, cuya finalidad principal es la de perpetuar el esoterismo judeo-cristiano. Los Martinistas estudian la historia del hombre, desde su emanación en la Inmensidad Divina hasta su estado actual, así como los vínculos que le unen a Dios y la naturaleza. Porque, según el Filósofo Desconocido:

"Nosotros no podemos leer en Dios mismo, y lo comprendemos sólo a través de su propio esplendor."

El hombre cometió el error de alejarse de Dios y caer en el mundo material. Al hacerlo, permanece de alguna forma dormido al mundo espiritual, y su templo interior está en ruinas. Él debe reconstruirlo, porque si bien ha perdido su poder original, aún conserva el germen divino intacto y sólo él puede hacerlo fructificar. En El Ministerio del Hombre-Espíritu, Saint Martin dijo:

"Hombre, recuerda un instante tu juicio. Quiero disculparte por un momento por desconocer todavía el sublime destino que tendrías que cumplir en el universo; pero al menos no deberías cegarte en el papel insignificante que debes cumplir durante el corto intervalo que recorres desde tu cuna hasta tu tumba. Echa una mirada sobre lo que te ocupa durante ese trayecto. ¿Podrías creer que fue para un destino tan bajo, que te encontrarías dotado de facultades y propiedades tan eminentes?". 

El Hombre de Deseo

Encontrar este estado paradisíaco que hacía del Hombre un Pensamiento, una Palabra y una Acción de Dios, tal es la búsqueda Martinista, es decir, la de la Reintegración. En efecto, el hombre está en el exilio. Nada en este mundo puede satisfacerle plenamente. El mundo material puede aportarle ciertos placeres y alegrías, pero en lo profundo de sí mismo, el Hombre sabe que la felicidad a la que aspira no es de este mundo, sino que se encuentra en otra parte. Más o menos conscientemente, siente nostalgia por el estado glorioso que era suyo en un principio, produciéndole cierta melancolía. Desde el punto de vista Martinista, cualquier persona que aspira a comprender esta melancolía y recuperar su pureza prístina y primigenia, es un hombre de deseo. Su deseo es el deseo de Dios. Saint Martin, dijo al respecto: "No hay nada tan común como la envidia y tan raro como el deseo".

Convertirse en un Hombre de Deseo es querer reconstruir el Templo Interior y retornar a su condición divina. El Martinista se basa en dos pilares para lograrlo: La Iniciación y el estudio. La primera marca el comienzo de su viaje en el "camino del corazón", porque este es el momento en que recibe la semilla de la luz que es la base de su regeneración interior. También es el momento privilegiado donde se encuentra con su iniciador y en el que es admitido en la filiación Martinista, haciendo de él un eslabón en la cadena iniciática ininterrumpida que se remonta hasta Louis-Claude de Saint-Martin.

Precisemos que esta Iniciación debe ser conferida en un Templo Martinista para ser debidamente reconocida y hacer del receptor un verdadero Iniciado. Si la Iniciación Martinista es un elemento previo indispensable, se debe a que es la representación terrenal de una iniciación trascendental, la que Saint Martín llama "iniciación central" y que define de la siguiente manera:

"Esta iniciación es aquella por el cual podemos entrar en el corazón de Dios y hacer entrar el corazón de Dios en nosotros, para realizar un matrimonio indisoluble ... No hay otro misterio para lograr esta sagrada iniciación, que adentrarnos más y más en las profundidades de nuestro ser y no retroceder hasta que hayamos alcanzado la raíz viva y vivificante, por que entonces todos los frutos que tendremos que llevar, según nuestra especie, se producirán naturalmente en nosotros y fuera de nosotros”.

En su trabajo, los Martinistas no utilizan la teurgia o la magia, porque se ajustan al ideal del Filósofo Desconocido:

"Conducir al espíritu humano de forma natural hacia las cosas sobrenaturales que le pertenecen por derecho, pero de las que ha perdido por completo la idea, ya sea por degradación o por la falsa enseñanza de sus maestros".

virtudes-divinas-2Para ello, es inútil acumular un conocimiento intelectual, porque "no hay que romperse la cabeza, sino el corazón." En su trabajo, el Martinista utiliza dos libros: el Libro de la Naturaleza y el Libro del Hombre. La naturaleza es "la verdadera fuente de la abundancia de nuestro estado actual... De hecho, es el punto focal de todas las virtudes creadas ...Por lo tanto, todas estas virtudes divinas, ordenadas por el gran principio para cooperar en la rehabilitación de los hombres, existen siempre a nuestro alrededor". Esto significa que Dios ha sembrado en la naturaleza los símbolos de Su sabiduría, para poder descubrirla por nosotros mismos. Por eso constituye para el iniciado una inmensa reserva de conocimientos.

El Libro del Hombre

El Libro del Hombre es también esencial para los Martinistas. Según Saint Martín, el hombre es el "único libro escrito por la mano de Dios”; es en él donde se encuentran escritas todas las leyes del universo, así como "todas las verdades importantes y fundamentales [existen] en todos los hombres antes de estar escritas en ningún libro". El conocimiento sólo es accesible por medio de la introspección, es decir, volviéndonos hacia el centro del ser, el corazón, sobre el que el Filósofo Desconocido dijo: "Es el órgano donde se encuentran todas nuestras facultades y donde se manifiesta su acción; y como estas facultades incumben a todos los reinos que nos constituyen, ya sea el corporal, el espiritual y el divino [...], el corazón es el encuentro y la continua expresión del alma y del espíritu". Este retorno del ser hacia su centro, esta contemplación interior, es la verdadera oración, ya que "empapa el alma de este hechizo sagrado, de esta doctrina divina que es la vida secreta de todos los seres".

Según el Filósofo Desconocido, el trabajo del hombre de deseo provoca una transformación interior, una "elevación espiritual" que contiene la promesa de un renacimiento interior. A través de este trabajo, el viejo hombre va dando paso gradualmente a un nuevo hombre. Este hombre nuevo, una vez nacido, pasa por todas las etapas de la evolución hasta llegar a su plena madurez. Convertido en Hombre-Espíritu puede realizar su "ministerio" y convertirse en un intermediario activo entre la naturaleza y Dios. Así, "la comunicación se restablecerá entre las partes superior e inferior, y la Tierra podrá encontrar el Sabbat". El hombre así regenerado participará en la reintegración de Todos en el Uno y volverá a ser el Templo de Dios:

“Hombres de Paz, Hombres de Deseo, tal es el esplendor del Templo en el cual ustedes tienen derecho a ocupar un lugar algún día. Debe por lo menos asombrarles el que ustedes mismos puedan enriquecer el privilegio de poder comenzar a elevarse desde aquí abajo, en todos los instantes de su existencia. Recuerden que, según las enseñanzas de los Sabios, las cosas que están arriban son iguales a las que están abajo; y conciban que ustedes mismos pueden recurrir a esta semejanza, obrando de manera que las cosas que están abajo, sean como las que están arriba”.

 

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